Normalmente alrededor de los dos años, los niños inician el control voluntario de los *esfínteres anal y uretral pues su sistema orgánico se encuentra maduro para lograr ese objetivo. Por otro lado, ha avanzado en la adquisición del lenguaje lo suficiente como para poder verbalizarlo.
El control de esfínteres se adquiere cuando el niño ha alcanzado un cierto nivel de madurez físico de las partes del cuerpo involucradas en el proceso. Este logro lo adquirirá de manera paulatina y lenta. Al igual que cuando aprendió a caminar, hablar o comer solo, este también es un paso más en su socialización, es decir, aprender a eliminar las excretas en tiempo y lugar socialmente adecuado favorece la integración al orden social.
Los procesos de adquisición del lenguaje y el control de los esfínteres van ligados debido a que ambos requieren de la madurez de las funciones simbólicas, entre ellas está la capacidad de nombrar objetos sin tenerlos a la vista porque estos ya se encuentran interiorizados en imágenes mentales.
*esfínter: músculo en forma circular o de anillo que permite el paso de una sustancia de un órgano a otro por medio de un tubo u orificio a la vez que impide su regreso.
Lo mismo ocurre con las emociones, en el momento en que el niño logra poner en palabras sus necesidades físicas y emocionales puede esperar a que estás sean resueltas.
Si tú hijo tiene 2 años de edad y ya dice oraciones completas, es tiempo de iniciar el control voluntario de sus esfínteres, empezando por el esfínter uretral que es el primero en madurar por ser el de uso más frecuente.
La implementación de estas pequeñas acciones te será de utilidad:
- Dos semanas antes de que se decida comenzar debes observar el horario aproximado en que tu hijo orina.
- Para iniciar el proceso es necesario que lo vistas con calzoncitos de tela entrenadores y llevarlo al baño en los horarios en que has observado que orina habitualmente. Si orina en el sanitario celebrarlo, y si lo hace en el calzón no hacer ningún comentario.
- Cuando se moje dejarlo un rato sin cambiarlo para que pueda distinguir entre estar seco y mojado, sin plantearlo como un castigo.
Es importante hacerlo conciente de esta sensación con palabras sencillas y en tono agradable. Nunca mencionar la palabra “sucio”, “cochino” o “fuchi”.
Puedes usar frases como:
“Qué bien, hiciste en el baño o en la “nica”
“Casi llegamos al baño, la próxima vez será mejor aún y no se mojará tu calzoncito”
“No logramos llegar al baño, se mojó tu calzoncito, en un momento te lo cambio”
Es importante evitar hacer comentarios negativos si el niño no es capaz de orinar en ese momento en el lugar adecuado.
Este proceso requiere de 20 días máximo para que pueda ser interiorizado; sin embargo, como no todos los niños son iguales, es probable que en algunos casos se requiera de más o de menos tiempo, pero la constancia que se tenga en esta etapa influye de manera importante en los resultados.
Clásicamente se describen tres etapas en este proceso:
- a) Después del año y medio de edad: El niño es puede percibir que ha orinado o defecado en su pañal y es capaz de transmitirlo a sus padres.
- b) De los dos a dos años y medio: Percibe la sensación de deseo de orinar y lo expresa durante el acto o en los momentos previos, pero es incapaz de retener.
- c) Entre dos y dos años y medio: Puede retener o decidir la expulsión, ambas sensaciones placenteras. Es habitual que el niño logre retener hasta sentarse y que realice exitosamente la evacuación.
Si retienen su orina o excremento, uno de los placeres ante este logro consiste en saber que tiene el poder, casi por primera vez, de controlar su cuerpo y decidir hacerlo donde y cuando lo desee.
Es un principio de autonomía personal, un espacio de poder donde son ellos quienes deciden; los adultos no podemos ordenar, ni forzar, ni apurar las cosas.
Independientemente de la satisfacción personal que logra el niño es conveniente expresarle nuestra satisfacción por el logro obtenido.
Como todo proceso, el control de esfínteres no es algo lineal, sino que habrá muchos avances y retrocesos. Hasta los cuatro años puede haber “accidentes”. Esto es normal.
En la medida que nosotros como adultos entendamos que es una etapa por la que pasan todos los niños y que no tomará ni más ni menos tiempo que el que cada niño necesite, este pequeño periodo será más fácil para todos.